Mi historia

Pasan las semanas, los meses, y los años. Te vas acomodando con ciertas cosas que aunque no te gusten las normalizas y forman parte de tu día a día.
No sabes si es bueno o malo para ti, pero es lo normal y “lo que te ha tocado”, por lo tanto, sin saberlo, vives resignado y aferrado a ciertas cosas que cada vez te meten en un pozo más hondo. En algunos casos una obesidad no es solo un “problema de kilos”, es todo lo que nos rodea.
Puede ser una falta de motivación por la que vivir, por muy exagerado que suene, una depresión porque no nos gusta la vida que llevamos, ansiedad ante las cosas que nos desequilibran cada día y no ponemos remedio y las intentamos solucionar con atracones de comida. Y si a esto le sumamos el amor desmesurado a la comida, que es uno de los placeres más grandes de este mundo, pues aparecen los problemas.

Al terminar la diplomatura encontré trabajo de inmediato como nutricionista. Esto no fue para mí un impedimento para seguir cogiendo peso y no poder controlar mi alimentación. Tenía la teoría muy clara, pero ¿qué pasaba con la práctica? ¿Por qué no puedo controlar mis malos hábitos? ¿Por qué cada vez me siento peor y no puedo parar?

La frustración cada vez era mayor porque no era capaz de llegar a un peso saludable, sino todo lo contrario. Y como decía antes, aunque no era bueno para mí y esos kilos me limitaban en muchas cosas en mi vida, normalizas esa situación hasta llegar al punto de dejadez. mi vida era cada vez más sedentaria y cada vez necesitaba más comida y sobre todo azúcar y grasa para poder saciarme, y de esa forma entras en un bucle que nunca acaba. Era capaz de dar consejos a la gente para que perdieran peso y lo lograban y me agradecían que había cambiado sus vidas, sin embargo no era capaz de cambiar la mía.

Cuando mi hija cumplió 1 año decidí subir a la báscula. 119 kilos, 1.63 metros de altura y 54% de materia grasa. A este paso no podría disfrutar de mi hija, a parte de todas las limitaciones que tienes al ser una persona obesa. Mi hija tampoco podría disfrutar de su madre. Así que, el 1 de julio de 2013 decido cambiar mi vida.
Decido desintoxicarme del azúcar y la grasa de mala calidad, comenzar a comer de forma saludable y empezar a practicar algo de ejercicio. Recuerdo las primeras semanas en el gimnasio eran una agonía pura y dura pero sabía que la constancia tendría su recompensa. Comencé a ver los primeros resultados, los kilos empezaban a bajar.
A veces, mis pensamientos no eran positivos, aunque ya hubiera bajado 10 kilos, todavía quedaban otros 40 más. Esto era muy duro de asimilar para no tirar la toalla. Tenía que seguir. Contaba con el apoyo incondicional de mi familia, amigos y el más importante de todos, el de mi hija, quien me estaba esperando para poder compartir muchas cosas juntas.

Quitar el azúcar de mi alimentación, las endorfinas que mi cuerpo empezó a generar haciendo deporte y los kilos que iban desapareciendo, hacían que poco a poco fuera disminuyendo mi ansiedad y que cada día me sintiera mejor.

Así que ese círculo vicioso de color negro que me acompañó durante tanto tiempo, pronto empezó a volverse de color blanco. Cada día me sentía más feliz y mis ganas de seguir así aumentaban. Cuando ves los beneficios que obtienes ya no existe marcha atrás. Cada vez me gustaba más hacer deporte, el sufrimiento se convertía en placer y así fue como en 365 días bajé 48 kilos y me quedé con un 20% de grasa. Y no puedo decir que fue un calvario porque esto no fue solo bajar 48 kilos, tu vida, cambia por completo.

Te das cuenta de que si eres capaz de conseguir eso, sería capaz de conseguir cualquier cosa que me propusiera. Se acabaron las limitaciones. Me convertí en una persona saludable, capaz de lograr cualquier cosa que me proponía, me sentía más fuerte y segura de sí misma. Decidí apartar de mi vida todas las cosas que no me hacían feliz y empecé a disfrutar de la vida con mi hija, dábamos paseos en bici, hacíamos carreras y jugábamos juntas en el parque.

Mi vida cambió por completo, por eso digo que una obesidad no son solo kilos, son muchas cosas más que, mientras eres obeso, no quieres ver, además de los efectos negativos en la salud. El deporte pasó a formar parte de mi vida y todo esto me impulsó todavía más a ayudar a otras personas a cambiar sus vidas.

La gente me pregunta que cuál es mi secreto y yo siempre les respondo lo siguiente:
“El secreto es que no hay secreto. Alimentación saludable, ejercicio físico, trabajo y mucha constancia”.

Gemma Serrano Montoya

Diplomada en Nutrición Humana y Dietética. Promoción 2001 – 2004.
Universidad de Alicante.

Máster en Bases Biológicas y Asesoramiento Nutricional Deportivo personalizado. Universidad Miguel Hernández de Elche y Centro nutricional y deportivo Elikaesport.
2018 – 2019.

Formación Continua Complementaria (Cursos y Talleres).

Número de colegiada: CV00829

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